Comparte
Compartir
Suscríbete al NEWSLETTER

Leer en el baño, doble placer humano

Por: Miriam Limon 14 Jul 2015
#LibrosAlDesnudo  Por Jaime Garba @jaimegarba Suena asqueroso, pero no lo es y nadie podrá negar que ir al baño, junto […]
Leer en el baño, doble placer humano

#LibrosAlDesnudo

 Por Jaime Garba

@jaimegarba

Suena asqueroso, pero no lo es y nadie podrá negar que ir al baño, junto con comer y hacer el amor son de las cosas más satisfactorias que el ser humano tiene. Quien diga lo contrario miente y peor aún, seguramente se niega estos placeres diarios. ¡Pero no se preocupen!, no ahondaré sobre el primero de estos puntos, primero porque no quiero que se me tache de escatológico y segundo, porque sólo es un trampolín, mi base, para el texto de hoy: la lectura en el baño y de cómo llevar el canon literario al trono. Todo comenzó hace unos días, cuando me encontraba en la recta final de una estupenda novela, las hojas se cambiaban velozmente, develando a cada segundo el posible desenlace, pero nada, parecía eterna, no obstante disfrutaba línea a línea perfectamente escritas, una narrativa pulcra y voraz, de esas que te cimbran, te gritan en la cara y no puedes hacer más que mantener los ojos bien abiertos. No habría pasado gran cosa, pero mi estómago súbitamente me hizo una mala jugada, mis tripas gruñeron y a mi cerebro llegó la inequívoca señal de tener que ir al baño.

lectura baño 2

Ir al baño ¿eso qué?, dirán, pero una de mis obsesiones como lectómano es jamás introducir un libro a este lugar, ¿razón?, locura, esa burda idea que a veces se me viene a la cabeza y contradice mi posición de desacralizar la lectura. Quizá todo sea reduzca a que mi profesor de literatura en cierta ocasión, al verme entrar al baño con un libro que acababa de sacar de la biblioteca, me esperó en la puerta para jalarme la oreja aleccionándome sobre por qué los libros no deben entrar a los sanitarios, lugares apestosos e inmundos (vaya que los de la escuela sí eran así). Un psicoanalista podría explicar mejor mi animadversión por meter libros al baño, pero regresando a la historia inicial, tenía que tomar la decisión: aguantarme y seguir leyendo (me faltaban unas diez páginas) o dejar el libro e ir, lo que indudablemente me daba la impresión de que me cortaría el oxígeno, el ritmo, el placer. Estaba por apretar el botón dos cuando mi cerebro en un gran esfuerzo desechó basuras mentales y con la obra en mano fui y me senté en la taza. Los detalles no os los contaré, pero lo que sí deben saber es que elegí correctamente, el flujo narrativo continuó y allí, en la comodidad del sanitario terminé “Abril Rojo” de Santiago Roncagliolo. Después de superar mi trauma reflexioné alrededor de este estigma de los lectores sobre los espacios de lectura, cómo a veces nos empeñamos en crear los lugares ideales, la cafetería, la mecedora en la sala, el reposet en la habitación junto a la ventana, el escritorio en la biblioteca; con tantos y tantos más por mencionar que crean esta utopía que jamás, créanlo, se cumple, porque no hay más y mejor ambiente para leer que el que cada quien se crea.

portada-abril-rojo

El baño entonces puede convertirse en más que la sala de envío de tuits o Whatsapps, de querer funge como pequeña biblioteca donde dependiendo de la razón de visita se lea desde un cuento de Augusto Monterroso hasta uno del Aleph. Porque algo es importante, no se trata sólo de leer, sino de dejar de temer que los grandes libros de la historia se postren sobre el baño como si eso les restara prestigio. Recuerdo una vez en mis años de adolescencia punk, cuando me interesaban más los libros que leer, que en el baño de la casa de un amigo me topé con “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez; mientras orinaba, frente a mí, en esos muebles que están sobre el retrete y que suelen servir para poner rollos de papel; estaba recostada, pidiéndome a gritos que la salvara. Al salir espeté a mi camarada por tal blasfemia, a lo que me respondió que si era tanto problema me lo llevara y lo colocara en mejor sitio en mi casa. Y Así fue. También he visitado baños de otros cuates que por ejemplo tienen revistas como Proceso, Letras Libres y hasta Elle, Cosmopolitan y Playboy, éstas tres últimas mis favoritas porque mis largas estancias en baños ajenos suelen ser cortadas por los otros que me solicitan turno o simplemente extrañados se cuestionan la longeva visita; y apenas alcanzo a ver uno que otro artículo sobre moda. Lo interesante es que sé que esas revistas no están allí como ornamentos, sé que los baños de mis amigos o conocidos distan mucho de tener la perspectiva que yo tengo, de conflicto e incongruencia de leer y no leer en el baño.

cien años

Celebro entonces ser de los pocos locos que batallan con la arcaica idea de meter el canon literario al baño, porque si prevalece la cotidiana costumbre de que los clásicos, los contemporáneos, la novela, el cuento y el ensayo, lo que sea palabra; entren a diestra y siniestra por la puerta del baño, la lectura triunfará, aunque a veces huela un poco mal.

Este video te puede interesar

Foto perfil de Miriam Limon
Miriam Limon miriam.limon
Descarga GRATIS Calendario Revive el Poder 2026
Calendario
Descarga AQUÍ nuestro especial CALENDARIO REVIVE EL PODER FEBRERO 2026.
Suscríbete al Newsletter
¡SUSCRÍBETE!