No somos perfectos, vaya, nadie lo es, y quien aspira a serlo sólo entorpece la lúdica idea del aprendizaje continuo. Como dice el dicho, “no por miedo a errar dejes de jugar”. Sin embargo, muchas veces aspiramos a ser la crema y nata del ciclismo urbano; compartimos en redes las magnificas rutas que pedaleamos, su nivel de dificultad o kilometraje, los nuevos accesorios adquiridos, y un sinfín de etcéteras. ¿Pero qué callamos los ciclistas? Aquí un par de ejemplos para reírnos.
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Cuando traes el brazo enyesado o con férula. Dejas de ver que ese alguien deja de presumir sus rutas en bici. De hecho percibes mucho silencio en sus redes, hasta que un día le dices ¿salimos a andar en bici? Y te dice: “No puedo, me lastimé el brazo” No quiere dar detalles de la caída, ni de cómo aprendió a pedalear una fixie estrellándose con un coche. Eso sí, cuando ya va a volver a pedalear lo grita a los cuatro vientos.
Cuando llegas muerto de sed a algún lugar, ya no traes agua y encima tienes que negociar dónde colocar tu bici. Pero tú con la cabeza en alto, primero ubicas dónde dejar a tu bello corcel aunque la boca seca ya no te de para hablar y eso sea para mucha gente un tema ajeno. No sean así, denos un vasito de agua si saben que somos ciclistas.
Cuando en una reunión todo mundo llega tarde y habla del tráfico. Estás hasta la “$%%(= de esos pretextos. Hablar de parquímetros, arañas, y costo de estacionamientos o falta de lugar es un tema ajeno a ti. Cuando toca tu turno y dices que no tienes auto, todos te ven con cara de bicho raro, es más, hasta expresan cierta lastima; sin saber que tu elección por la bici es un tema de actitud no de economía. Y extrañas a tus amigos ciclistas.
Cuando sales limpiecito de tu casa pero en el trayecto se te safó la cadena, te ponchaste, o en un mal movimiento te embarras de grasa el pantalón o las pantorrillas si traes short o falda, y llegas a tu cita ya con tintes de carbonero.
Cuando los ciclistas novatos colocan las luces de sus bicis al revés: la blanca atrás y la roja adelante. Hasta que comienzan a observar lentamente las bicis de todos sus amigos y dicen: “Algo no me cuadra”.
Y seguro que nos faltaron muchísimas cosas más. ¿Y tú qué callas? ¡Buenas rodadas!