El día que Monterrey se burló de Tigres
Una escena en 1996 reavivó la rivalidad entre ambos
Monterrey contra Tigres. Tigres contra Monterrey, rivales por naturaleza. En Nuevo León un clásico, el regio, se vive de manera más pasional que otros en México. En un principio ese duelo enfrentaba al Rayado de abolengo contra el Universitario del pueblo: al rico contra el pobre. Ahora ambos clubes tienen tanto arrastre que polarizan a la sociedad regiomontana desde los estratos más humildes hasta los más encumbrados.
Fue la tarde del sábado 13 de julio de 1974 cuando el estadio Universitario fue escenario de un empate a tres goles en la Jornada 1 de la temporada 1974-75; ese día Tigres y Monterrey chocaron por primera vez en el máximo circuito.
A partir de entonces, el clásico se hizo grande con hombres como el técnico Carlos Miloc quien no perdió ninguno de los 13 partidos que dirigió a Tigres; o Bahía, delantero del Monterrey, quien con 11 goles es el máximo anotador en esta rivalidad de 40 años.
Tanta pasión acumulada entre Rayados y la UANL tuvo un momento determinante 22 años después del primer enfrentamiento: La escena que hizo explotar el Volcán se vio el 24 de mayo de 1996. Tigres necesitaba ganar para mantener la esperanza de no descender pero los Rayados se metieron al Universitario, ganaron 2-1 y mandaron a los Felinos a la entonces Primera A.
Lo curioso llegó al escucharse el silbatazo final. En el sonido local del estadio se escuchó el tema “Se fue” de la cantante italiana Laura Pausini, algo que los presentes que lloraban el adiós de su equipo tomaron como una burla, pues siempre sonaba el himno del club al término de los cotejos.
Ese detalle abrió la herida de la rivalidad y para que la cuña apretara más apareció el entonces presidente del Monterrey, Jorge Lankenau, quien al ver consumado el descenso de su archirrival lanzó las palabras: “Ahora que se fueron a Segunda, esperamos que su afición se una a nosotros, para que sigan en Primera. Recuerden que, al cabo, todos los Tigres tienen Rayas”. La UANL volvió un año después y la mecha se encendió para jamás apagarse.

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