El Pibe que dio la vida por el futbol
Tenía 21 años, se forjó en un barrio bravo de Argentina y su ideología era “morir por cada pelota”
“Los talentos en nuestra localidad existen, hay ganadores de premios nacionales e internacionales que merecen ser reconocidos en nuestra provincia”, dijo Pablo Corradini en 2014, cuyo cargo era Director del Deporte en Jujuy, una provincia, situada en la Región del Norte Grande de Argentino.
Esa noche en la modesta gala estaba presente un chico de 20 años de edad, con una mirada brillante, de esas que no se olvidan porque llevaba implícita la satisfacción por haber dado un pequeño paso en busca del sueño anhelado: ser futbolista profesional.
Había llegado ahí por méritos propios. Seis años atrás dejó el Barrio El Milagro, Perico, para ingresar a un centro de formación deportiva en Rosario y comenzar a buscar su primer equipo de futbol profesional. En el acto se entregaría el premio al mejor deportista del 2014 de Jujuy y los galardones Huayra Xuyque, que prentendían más que distinguir a otro talentos del deporte, alentarlos a no claudicar en el camino.
Uno de aquellos últimos fue para ese joven voluntarioso y entusiasta, elegido por los jueces como el ganador del premio a la “nobleza deportiva”. “Estoy muy agradecido a la gente que me premió. “Me acordé de mis padres, de mi familia ese apoyo es incondicional”, expresó el futbolista, al que apodaban el Burrito.
La distinción la obtuvo a pulso. Había logrado dar un paso importante en su carrera al firmar su primer contrato profesional con el Atlético Banfield, de Matías Almeyda, quien asumió en 2013 las riendas del equipo y en 2014 logró regresarlo a la Primera División argentina.
“Le dimos un contrato porque lo merece y lo ha demostrado en las divisiones inferiores”, dijo el técnico, dos veces mundialista. “Le buscaremos acomodo y puede aprender en otro club”, añadió.
Ese chico de sonrisa pícara era Eduardo Emanuel Ortega, quien hace once días sufrió un accidente en el duelo ante Juventud Unida, cuando portaba la camiseta del San Martín de Burcazo de Primera C. Tras disputar una pelota, a muerte, como le gustaba, Ortega fue desplazado por un rival y se golpeó la cabeza contra un muro de concreto que dividía la cancha de las gradas. Sufrió una conmoción cerebral y a consecuencia de una fractura de cráneo murió hoy, el día del futbolista en Argentina.
Dos años antes de ser galardonado y conseguir el sueño de firmar contrato con un club profesional, el Burrito escribió en su cuenta de Facebook lo que significaba para él, un chico de barrio, el futbol: dar la vida misma.
“Capaz no llegue a jugar al futbol profesionalmente o capaz si, pero amateurmente, cuando voy a cada pelota voy a morir, cuando mis piernas dicen BASTA mi corazón dice SEGUÍ. A diferencia de los profesionales cuando se me rompen los botines no los cambio, paso noches arreglándolos, pegándolos, para poder seguir jugando porque es lo que amo. El futbol es mi VIDA, no solo un pasatiempo, es el que me hace olvidar de todo y por el que daría la vida. El día que no pueda jugar más ahí termina mi vida”.

Google News