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LOS AMIGOS Y EL BOXEO

Por: Staff FT 13 Nov 2015

LOS AMIGOS Y EL BOXEO

Por  Eduardo Lamazón “Tengo que escribir para De Campana a Campana –me digo– porque si no el Zar me va a pegar, y hoy a la noche lo voy a ver en una reunión de amigos”. El Zar Aguilar y todos en este grupo andan alborozados y celebrantes porque lo que era un proyecto, un […]

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Por  Eduardo Lamazón
“Tengo que escribir para De Campana a Campana –me digo– porque si no el Zar me va a pegar, y hoy a la noche lo voy a ver en una reunión de amigos”. El Zar Aguilar y todos en este grupo andan alborozados y celebrantes porque lo que era un proyecto, un sueño compartido por un grupo joven (jóvenes todos excepto Mario Dávila y yo) y entusiasta, se ha convertido en una realidad. DCC es beligerante en el mundo del deporte, tiene opinión y tiene peso. Y crece cada hora.
Carlos Aguilar es el cerebro en un grupo tan compacto y diverso, y su secreto es haber construido fortalezas alrededor de la amistad. Ahí todos tenemos historias en común y el deporte nos aglutina. Lo mío es el boxeo, pero respeto que a otros les apasionen distintas disciplinas. Nos llevamos siempre bien, salvo excepciones, como en todas las familias. Con Carlitos Aguilar una vez nos peleamos, y nos dijimos de todo, porque él tiene mucha autoridad y yo poquísima paciencia. Fue en medio de una transmisión y créanme que eso fue un escándalo. Delante de mucha gente ¡qué vergüenza! Pero como corresponde a gente de buena leche, como nosotros, nos perdonamos y lo olvidamos.
En serio, después de lo que sucedió hemos compartido muchos vinos (que suelo invitar) y muchos mezcales (que suele invitar).
La amistad, les decía, es fundamental para trabajar bien, y en el equipo de Box Azteca funciona y creo que en DCC funciona igual o mejor. Ahí son mis compañeros de vida Mario Dávila, Juan Carlos Aguirre, Manuel Carrillo, Abraham Rodríguez, Gilberto Prado, Aquiles Castañeda y todos los demás.
En el boxeo, con los boxeadores, la amistad es todo un tema. Los amigos de los campeones son famosos como el campeón desdichado que tiene que soportarlos. Los amigos de los boxeadores triunfadores han acabado con los dineros de muchos de ellos, y es sorprendente que los campeones nuevos no aprendan de lo que padecieron tantos. El olor del dinero atrae a estos amigos circunstanciales, plagas implacables, como el azúcar atrae a las moscas. Son aduladores, zalameros, simpáticos. Nada es más seguro en la vida de un campeón que la presencia de estos exterminadores puntuales.
Hasta reyes y presidentes se dicen amigos de los campeones del boxeo. Y ellos, los boxeadores, se lo creen.
Ha habido algunos amigos buenos. Lou Houseman, un escritor de boxeo de Chicago, hizo que en 1903 se creara la división semicompleto para hacer campeón a su amigo Jack Root. Y Root lo logró, cuando ese año venció a Kid McCoy convirtiéndose en el primer campeón de la historia de la categoría.
Ha habido otros qué júzguelos usted. El escritor Jean Cocteau trabó una cercana amistad con el incomparable Panamá Al Brown, un campeón de novela, y se supo después que las intenciones del célebre francés eran amorosas, ya que artista y peleador fueron amantes en un tiempo en que de eso nos se hablaba.
Qué bueno hablar de los amigos. Ahora, de las amigas de los boxeadores, ese es otro tema, más complejo y severo, que abordaremos otro día. Cuando tengamos ganas de escandalizar.
La amistad para el despabilado y sabio Pitigrilli era “una tregua en la competencia, un ángulo muerto en la guerra social”. Cuánto vale la amistad…
Amigos los dejo. Hoy cenaré con el Zar Aguilar con la tranquilidad del deber cumplido. Y no podrá decirme nada. Escribí para De Campana a Campana.
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