Javier Aguirre, ¿partícipe o víctima?
Es deprimente que alguien a quien admiras pueda ser víctima de la corrupción
Tenía 20 años cuando conocí a Javier Aguirre. Yo venía saliendo del Morelia y por desgracia me vi en la necesidad de estar tocando puertas y pidiendo favores como muchos jugadores de futbol cuando tu club -en mi caso, el Necaxa– te aplica el “no entras en planes” pero, obviamente, tampoco eres libre de poder decidir.
Eres un objeto de su propiedad, aunque desearías irte, la única posibilidad era que algún equipo quisiera entrarle al quite y ayudarte recibiéndote a préstamo; algo que nadie hace, pues lo que muchos prefieren es soltar futbolistas para que consigan donde jugar; después, cuando alguien te admite, te reclaman de vuelta. Esta situación no le conviene a nadie, por lo que no te aceptan en esas condiciones.
EL APOYO DEL VASCO
A pesar de eso, decidí ir a tocarle la puerta a Javier Aguirre, cuando estaba dirigiendo su primer año en el Pachuca, allá por 1998. Llegué con él y le expliqué lo sucedido; el Vasco lo comprendió al instante y me dijo: “Mira, Rodrigo, entrena conmigo esta semana. Si estás en ritmo, te quedas”.
Javier fue franco, directo y amable, como pocos entrenadores suelen ser, y más cuando un jugador sin equipo acude a ellos pidiendo ayuda. Para mi fortuna estaban en el plantel dos ex compañeros míos del Morelia: el costarricense Jafet Soto, con quien viví varios meses en aquella ciudad y era mi mejor amigo, y el legendario lateral del América, Guillermo Naranjo, quien además de brindar una gran amistad, es un ser humano ejemplar. Guillermo y su esposa me recibieron en su casa durante mi periodo en el Pachuca, algo que siempre les agradeceré.
Al día siguiente de que me presenté con Javier, ya estaba entrenando en un día normal en el club y él me trataba como uno más de la escuadra, con una amabilidad rara en un DT; tal parecía que sabía lo que sentía de estar buscando opciones ante una circunstancia en la que el Necaxa me tenía prácticamente preso.
Al menos en apariencia, entendía mi desesperación y frustración por no poder hacer nada al respecto, era como si le importara. Fue la primera vez que sentía que a un técnico le preocupaba lo que me pasaba.
Apenas llegamos al miércoles y Javier me llamó al terminar la práctica y me dijo: “Rodrigo, preséntante con Andrés Fassi a firmar tu contrato. ¡Te quedas!”. Lamentablemente, jamás pude concretarlo, pues el Necaxa no me soltó en las condiciones que en el Pachuca requerían: gratis.
SE PIERDE EL PRESTIGIO
A pesar de todo, nunca olvidaré que las intenciones de ayudarme del Vasco siempre fueron genuinas. Hoy, enterarme del inconveniente por el que atraviesa Javier Aguirre es algo que me provoca mucha tristeza.
Siempre he pensando que no hay manera de juzgar a alguien más que estando en sus zapatos. Aún así, saber lo que supuestamente hizo me llena de consternación pues, en caso de ser cierto, es deprimente que alguien a quien admiras pueda ser partícipe o víctima de la corrupción del balompié. De por sí el futbol mexicano nos entristece cada vez más, ahora que la gente con ese prestigio y respeto haga estas cosas es como perderlo todo… Triste… Ahí se las dejo botando.



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